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La “carta póstuma” del caso Manzo: más preguntas que verdad

🗓️24 Nov 2025 🌐 Nacional 👩‍🦱 Administrador 📊 1077 vistas

La “carta póstuma” del caso Manzo: más preguntas que verdad

Ahora resulta que, de la nada, aparece una “carta póstuma” perfectamente funcional para la narrativa oficial, escrita por un implicado ya muerto, encontrada días después en una maleta y presentada como indicio clave por la Fiscalía de Michoacán. Y, por supuesto, reproducida sin cuestionamiento por medios alineados al poder.

Según las notas que circulan en Aristegui Noticias, Infobae, SinEmbargo, Milenio y otros portales, la historia oficial es más o menos así: Ramiro “N”, de 35 años, presunto reclutador dentro de la célula criminal que asesinó al alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, escribió una carta dirigida a su hija, donde se arrepiente, admite trabajar para “El Licenciado”, dice temer que los “silencien” y hasta acusa que la propia Fiscalía está infiltrada. Esa carta, nos dicen, fue encontrada por su pareja, Paulina, dentro de una maleta, días después de que él le dijera que debía esconderse en La Basilia; después, Ramiro apareció muerto el 10 de noviembre, junto con un menor. La misiva se presenta luego en la audiencia como pieza central del caso.

Todo muy “redondo”, demasiado útil, demasiado oportuno.

Si uno se toma esto en serio, hay cosas que no cierran y que cualquier periodista digno tendría que estar preguntando:

1. La línea de tiempo no es un detalle menor

  • El alcalde Carlos Manzo es asesinado el 1 de noviembre. El País+1

  • Ramiro “N” aparece muerto el 10 de noviembre, junto con un joven de 16 años. El Imparcial+1

  • La carta, según la versión ministerial, es encontrada por su pareja días después, dentro de una maleta que él le habría dejado antes de esconderse. infobae+2Reporte Indigo+2

  • Y sólo hasta la audiencia inicial, casi tres semanas después del asesinato, la Fiscalía la saca a relucir como “bomba” probatoria y los medios la reproducen como si fuera verdad revelada. Aristegui Noticias+1

Preguntas básicas:

  • ¿En qué fecha exacta dijo la pareja haber encontrado la carta?

  • ¿Cuándo la entregó formalmente al Ministerio Público?

  • ¿Existe un acta de entrega-recepción con fecha, hora y firma?

  • ¿Por qué la “bala de oro” probatoria aparece hasta ahora y no desde los primeros días?

2. Cadena de custodia: ¿qué tan “limpia” está esa carta?

Si esa carta se va a usar para hundir a imputados y sostener la narrativa oficial, lo mínimo es exigir:

  • Peritaje grafoscópico:

    • ¿Se comparó la letra con otros documentos indubitables de Ramiro “N”?

    • ¿El dictamen está firmado por peritos certificados y disponible para la defensa?

  • Peritaje físico-químico del papel y la tinta:

    • ¿Se determinó aproximadamente cuándo fue escrita (por envejecimiento de tinta, características del papel, etc.)?

    • ¿Se descartó que haya sido redactada o “completada” posteriormente?

  • Peritaje dactiloscópico (huellas):

    • ¿Qué huellas aparecen en el documento?

    • ¿Sólo las de Ramiro y su pareja, o también las de policías, agentes o terceros antes de sellar la cadena de custodia?

  • Cadena de custodia documentada:

    • ¿Quién tuvo la carta en sus manos desde el momento en que la pareja supuestamente la encontró hasta que llegó al juez?

    • ¿En qué fechas exactas? ¿En qué áreas? ¿Con qué resguardos?

Sin todo esto, lo que tenemos no es “prueba sólida”, es un papel con una historia oficial alrededor.


3. ¿Por qué los medios repiten la versión sin exigir pruebas?

Otro ángulo que duele ver es el mediático: portales que se dicen “serios” publican frases del tipo “Ramiro dejó una carta póstuma…” como si ya fuera hecho incontrovertible, cuando lo único que existe es:

  • una versión ministerial,

  • el relato de la pareja,

  • y una copia del texto filtrado.

¿Dónde están las notas preguntando:

  • “La Fiscalía no ha mostrado el peritaje grafoscópico de la carta”?

  • “La defensa cuestiona la validez del documento y exige peritajes independientes”?

  • “Expertos en criminología y derecho procesal piden cautela ante una ‘carta póstuma’ que, si no se respalda científicamente, podría ser fabricable”?

No aparecen.
En su lugar vemos titulares reconstruyendo el relato como si fuera un guion ya confirmado.

Eso no es periodismo, es vocería maquillada de nota informativa.


4. Las preguntas incómodas que habría que formularle a la Fiscalía

Si tuviéramos al fiscal de frente, mínimo habría que preguntarle:

  1. ¿Puede exhibir públicamente (aunque sea parcialmente) el dictamen pericial sobre la carta?

  2. ¿Cuándo recibió la carta la Fiscalía? ¿En qué carpeta de investigación se integró y en qué fecha?

  3. ¿Cuánto tiempo pasó entre el hallazgo y su presentación ante el juez?

  4. ¿Se permitió a las defensas revisar el original, no sólo una copia, y solicitar sus propios peritajes?

  5. Si la carta señala infiltración criminal dentro de la propia Fiscalía, qué otras acciones se han iniciado a partir de esa acusación gravísima aparte de usarla como “prueba” contra los hoy imputados?

  6. ¿Por qué razón una pieza tan explosiva aparece mediáticamente justo ahora, en medio del escrutinio nacional, y filtrada a múltiples medios casi al mismo tiempo?

Hasta que estas preguntas no tengan respuesta documentada, la “carta póstuma” no pasa de ser una historia muy conveniente, perfectamente alineada con la narrativa que el poder necesita:
un cierre emocional, un “arrepentido” que confirma todo… desde la tumba, sin posibilidad de contradecirlo.


5. Lo mínimo que debemos exigir como sociedad

No se trata de santificar a Ramiro “N” ni a nadie:
si hay responsabilidad penal, que se pruebe y se sancione.

Pero en un país donde:

  • se asesina a alcaldes a plena luz pública,

  • se ejecuta a implicados a los pocos días,

  • y luego aparece un papel que “acomoda” todo el rompecabezas,

es obligación ciudadana dudar, no tragar entero.

Quien se toma en serio la justicia y la verdad tiene que exigir:

  • pruebas periciales completas,

  • transparencia en la cadena de custodia,

  • y periodismo que pregunte, no que copie y pegue lo que le dicta la Fiscalía.

Mientras eso no ocurra, esta “carta póstuma” será, para muchos, otra pieza de un relato oficial que suena más a montaje que a investigación impecable.

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